Galicia es cada vez más verde y escénica conforme avanzas hacia la costa. Todo parece escénico, no por los turistas, sino por sus propias costumbres arquitectónicas y agrícolas. A la salida a las 8h, vimos calles repletas de parras de uva blanca (foto 1), y unos porches-aceras de granito, exquisitas para el "chiri-miri" (foto 2).
Mi recuerdo de este día es de senderos arbolados y sombríos, con múltiples zonas de descanso con rocas (foto 3) y riachuelos, y más barrancos-paseo de tierra (foto 4). Todo parecía sacado de un cuento de hadas.
Sencillamente, no quería que acabara. La anticipación de llegar a Santiago podía con las ganas de seguir deambulando, flotando por este paisaje místico, inspirador y romántico. En el Alto de San Irene, paramos a comer pulpo a la gallega (En su cuna, Melide, era carísimo ayer). !Sólo quedaban 23k!
La aglomeración era mayúscula ya. Por primera vez, me alojaron en un polideportivo en Pedrouzo, !habiendo llegado a las 12:30!
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